Atenas
Volamos con Olympic Airlines el día que Atenas ardía por los cuatro costados, según el telediario. Sin embargo, no vimos ni una llama, ni desde el avión.
Habíamos cogido un hotel en el puerto del Pireo para pasar sólo unas horas antes de salir en el primer ferry de la mañana a Santorini. El Hotel Faros era bastante feo y algo caro, para su calidad. Todo fue un poco cutre esa noche. El Pireo tiene cero encanto, el hotel era un poco oscuro y la cena, un gyros grasiento con medio litro de cerveza (sí, así son los botellines).
Para colmo, como salíamos pronto del hotel, nos perdimos el desayuno, que estaba incluido, y no nos dieron ni un mísero bollito a cambio :-(.
A la vuelta de las islas, estuvimos otras 2 noches en Atenas. Esta vez nos alojamos en Hotel Novotel, muuuucho mejor. Tiene una terraza espectacular, con piscina y vistas al Acrópolis. Pena que yo estuviera volando de fiebre y me pasara la mitad del tiempo en la cama.
Atenas es fantástica, pero la cantidad de gente sospechosa por la calle es llamativa. Como no controlas la ciudad y, encima, vas de turista, tienes la sensación de que te vas a meter por el lugar equivocado en cualquier momento y te van a dejar pelao, pero, realmente, no tuvimos ningún problemas más allá de miradas inquietantes, jeje.
Fuimos por la mañana al Acrópolis con un calor del carajo. Es maravilloso, aunque está todo en reconstrucción. Santi y yo tuvimos una discusión absurda sobre lo especial o mediocre de la arquitectura de la antigua Grecia, ¡no se puede viajar con un tío que hace puentes! jajaja.
Bajamos a Monastiraki, lleno de restaurantes y terrazas y comimos en el famoso Thanassis. Muuucho más barato que las islas.
Por la noche fuimos a un restaurante recomendado por @inexit, en la zona de Gazi, muy de moda. Tiene una antigua fábrica de gas, que han reconvertido en centro tecnológico y hay muchos sitios de copas que parecen playeros, una lástima que me encontrara tan mal.
El restaurante se llama Mamacas y hay que reservar, si no, te quedas sin sitio. Me encantaría que hubiera sitios así en Madrid.
Al día siguiente, paseamos por Plaka, comimos en Platanos Taverna, un clásico y cenamos en cualquier lugar de Psirri, donde hay un ambiente muy interesante. Después fuimos a una terraza cerca del Acrópolis. Indecriptible el amientazo y el encanto de pasear por esa zona por la noche, es maravilloso.
Santorini
Cogimos un ferry de Hellenic Seaways, cuya reserva había hecho desde España, porque en verano te puedes quedar sin plaza. Son más caros que otros, pero van más rápido y, en vacaciones, ¡hay que aprovechar el tiempo!
Alquilamos un coche en el puerto. Hay diversidad de precios, de modo que es bueno comparar. Si te ven indeciso, te lo bajan ;-). También hay que saber que si alquilas cualquier vehículo, te cobran menos cuantos más días lo cojas, así que si vas a cogerlo por varios días, dilo.
Nuestro hotel, Smaragdi, estaba en Perivolos, al sur de la isla. Estaba fenomenal, con una piscina estupenda y los dueños muy majos, al ladito de la playa.

La playa es de arena negra y está llena de chiringuitos preciosos que, curiosamente, no tienen gente por la noche. Es a las 16:00 cuando más ambiente hay. Por la noche sólo vimos con marcha un restaurante tradicional donde un grupo de abuelos griegos cantaban, bailaban y tocaban el acordeón, más majos...
Por la tarde fuimos a ver el atardecer en Oia, junto a dos mil millones de personas. El pueblo es espectacular y tiene unos hotelitos muy lindos, con suites sobre la montaña con terracitas y piscinas privadas.
Hay numerosos restaurantes y tiendas chulas. Yo llevaba apuntado el 1800, pero echando un ojo a la carta y otro a mi bolsillo, lo descartamos. Fuimos, con unos amigos de Santi que andaban por allí, a cenar a la Bahía de Amoudi, cerca de Oia y cenamos pescado fresco elegido del mostrador en Katina. Las islas son caras comparado con Atenas.
Intentamos cumplir con la visita cultural en las ruinas de Akrotiri, pero nos empujaron a volver a la cultura gastronómica, ya que estaban cerradas y ni si quiera ponían un horario.
Al día siguiente fuimos a la Playa Roja. Es muy bonita, pero estaba llena de gente y, la arena, bastante sucia, llena de colillas. Comimos al lado, en Los Delfines, un restaurante genial, en una pequeña bahía de barquitos de pescadores. La comida buenísima, buen precio y un adormecedor sonido de olas. El dueño del restaurante salía a pescar de vez en cuando para servir a los clientes, más fresco imposible.
Por la tarde, seguimos las indicaciones de Alex, el amigo de Santi y fuimos a ver la puesta de sol a Santo Wines, una cooperativa de vinos que tiene un sitio estupendo en la parte más alta de la isla y donde puedes ver la puesta de sol con una cata de vinos y quesos, aaaaayyyyyy, qué delicia.
Fira, la capital, es como de cuento. Tomamos unos mojitos en Tithora, el garito más raro de la isla, jajaja, siempre encontramos estos bares discordantes. Echad un ojo a estas fotos. Ponían música heavy y grunge y los camareros, personajes dignos de una teleserie nos invitaban y nos invitaban a chupitos.
El siguiente día fuimos a una excursión al volcán, cosa que nos podríamos haber ahorrado con la resaca que teníamos :-(.
Comimos en Nikolas, en Fira, donde la noche anterior vimos que había una larga cola para cenar. Descubrimos el por qué, una comida para chuparse los dedos por un precio más que razonable.
Tomamos un té con hielo en una cafetería de ensueño con vistas a la caldera, probablemente, como dice @mcanabalb, uno de los lugares más bonitos del mundo.
Cenamos en Charlina, en Perivolos, donde los camareros me prepararon un plato de spaghetti con queso feta, porque dije que me dolía la tripa, jajaja, vaya remedio, bueniiiiiisimo. Con el remedio de pasta, me atrveví con un cóctel en Yazz, en Perissa, uno de los pocos sitios con ambiente nocturno de la zona.


